Por qué sigue ocurriendo.
Hemos leído expedientes de bancos, fondos, promotores y corporaciones estatales. Los sectores difieren. Los síntomas difieren. Las causas se repiten.
Seis razones por las que el expediente no se sostiene
- Documentación en compartimentos estancos
- Un expediente no se redacta: se ensambla. Los consultores, los ingenieros, el equipo financiero del promotor y los abogados aportan cada uno su parte y solo responden de ella. La divergencia nace de la división del trabajo, no de una voluntad deliberada.
- El optimismo como dato de entrada
- Volúmenes, precios y plazos se fijan, cada uno, en su valor más favorable. Una por una, las hipótesis son defendibles; juntas, dan como resultado un proyecto sin un solo mal año. El proceso de aprobación del promotor rara vez cuestiona esa combinación.
- La garantía, tratada como un trámite
- Los pagos los aprueba el equipo del proyecto; los avales los gestionan los abogados y el área de administración. Ningún control condiciona el pago al aval, así que un anticipo puede salir con un contrato firmado como único respaldo. El prestamista se entera de la exposición cuando ya existe.
- Ingresos supuestos, no contratados
- Mientras el activo no está construido, los clientes se resisten a asumir compromisos de volumen. Aun así, el modelo necesita ingresos, de modo que las manifestaciones de interés se convierten en tráfico, y a la distancia entre interés y obligación nunca se le pone precio.
- Costes de ingeniería invisibles para finanzas
- El modelo a menudo se congela antes de que concluyan los estudios. Lo que los ingenieros descubren después —las condiciones del terreno, los requisitos antisísmicos, el coste real de la conexión a redes— llega en informes técnicos, en lenguaje técnico, y nunca acaba trasladándose a las cifras.
- Nadie independiente en la mesa
- El contratista controla el calendario, el presupuesto y la información. El prestamista ve el expediente, no la obra. La divergencia le llega en último lugar, y se paga con recargo.